Aparece una sorprendente aliada contra el desierto en África: una gigantesca tortuga herbívora capaz de restaurar ecosistemas
Selección: Senegal
En el Sahel se registran temperaturas diurnas de hasta 60 grados, mientras que por la noche el aire se enfría bruscamente. En esta superficie endurecida se impide que el agua de lluvia penetre en el suelo. La humedad se evapora casi inmediatamente y las semillas son incapaces de germinar.
Por este motivo, unos investigadores liberaron 500 tortugas africanas en un paisaje desolado del sur del Sahara. Estos animales pertenecen a la especie Centrochelys sulcata, que evolucionó para soportar exactamente estas condiciones. Cinco años después, las imágenes han conseguido capturar manchas verdes en la zona.
La tortuga espolada africana es la tortuga terrestre más grande del mundo y la tercera en tamaño total, solo por detrás de las de Galápagos y Aldabra. Los machos pueden superar los 100 kg. Más allá de su tamaño, destaca por su capacidad de excavar.
Para protegerse del calor extremo, excava madrigueras de 10 a 15 metros de profundidad, donde puede refugiarse del calor del día y del frío de la noche, además de ayudar a airear el suelo.
Cuando estas madrigueras rompen la capa dura del terreno, el agua de lluvia puede infiltrarse en lugar de escurrirse por la superficie. Esto mejora la capacidad del suelo para retener la humedad, que permanece durante más tiempo tras las precipitaciones.
Este efecto ya se ha observado en Senegal. La organización S.O.S. (Save Our Sulcata) trabaja desde 1992 en programas de cría y reintroducción de tortugas. Un informe de la UICN (2020) menciona el santuario Village des Tortues, en Noflaye, donde viven más de 300 ejemplares y desde donde se han liberado varias tortugas a su hábitat natural.
El proceso es principalmente físico: la entrada de la madriguera y el suelo removido crean un microclima más estable. Aunque la tortuga no transporta semillas de forma intencional, las que están en el suelo o llegan con el viento pueden germinar gracias a la humedad y la protección del entorno cercano.
Esto también atrae insectos y microorganismos, lo que favorece la vida en el suelo. Con el tiempo, la vegetación se vuelve más densa alrededor de estas zonas, formando manchas verdes visibles incluso desde satélites, asociadas a la actividad de excavación de las tortugas.
La liberación de unas 500 tortugas en 2021 fue llamativa, aunque los datos de la UICN indican que el programa de reintroducción en Senegal lleva décadas en marcha. En grupos monitorizados se ha observado una supervivencia superior al 80% durante varios años, algo clave para mantener su actividad de excavación y su impacto en el terreno.
No se emplearon técnicas de reforestación ni tratamientos del suelo: la intervención consistió simplemente en reintroducir una especie nativa que había sido reducida por la caza, la agricultura y el pastoreo. Con el tiempo, las zonas antes áridas comenzaron a recuperar vegetación y a atraer fauna como aves y pequeños vertebrados, generando una mayor biodiversidad.
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Fuente: AS