“Antes no me veía como una atleta profesional”
Selección: Polonia
Blanca Hervás Rodríguez (Madrid, 30 septiembre de 2002) visitó AS con sus dos medallas mundiales en relevos en la mano y su sexto puesto individual en la cabeza. “No nos han dado caja y están un poco ya reventadas de llevarlas a un lado a otro”, dice sobre sus trofeos. La velocista de 174 centímetros y zancada prodigiosa vestida de plasticidad y elegancia ha hecho un campeonato sublime corriendo cinco 400 a un nivel superlativo, como demuestran sus resultados. “En mi cabeza nunca existió una versión tan optimista de lo que ha sucedido. No lo había ni soñado, ha venido todo rodado. A lo tonto he sido sexta a nivel individual y me llevo dos medallas en relevos”, confiesa con humildad. Y apostilla: “Incluso mi entrenador me decía: ‘Me preguntan qué estoy haciendo para que te recuperes. Y les digo que no lo sé ni yo’. A mí también me ha sorprendido mi rendimiento”.
En una entrevista previa al viaje a Torun, este medio tituló: “Soñamos alto en los relevos”. Dicho y hecho. Los dos en el podio. “Sí, sí. Lo vi. Obviamente sabía que teníamos potencial para conseguir cosas importantes porque confío plenamente en el grupo de relevos”. Estará que no se puede ni mover, ¿no? “Qué va, lo que estoy es feliz, orgullosa y nada cansada a nivel muscular; lo que tengo es falta de sueño. Me está sorprendiendo mi cuerpo. En mis años en EE UU me acostumbré a correr cuando no podía más. Aunque estés en el suelo muerta si te falta una serie por hacer, la tienes que hacer. Igual todo eso lo estoy notando ahora”. La ‘fría asesina de la recta final’ empezó en el atletismo en el club de Majadahonda tras volar en el patio colegial. “Soy de Valdemarín, de Aravaca, pero Majadahonda está a diez minutos y empecé allí con 8 añitos. Elegí atletismo porque me encantaba correr, aunque en mi casa nunca ha habido ningún atleta profesional. Me gustaban todos los deportes y aunque lo que más he hecho es esquí también practiqué voleibol, tenis, pádel, natación, gimnasia rítmica... Y en el atletismo también hice de todo: cross, velocidad, combinadas, triple... hasta que me centré en el 400. Con 16 años hice 53.87 y me fichó la Universidad de Miami”.
Su estancia en la casa de los Hurricanes le sirvió para sacarse el título de Bachelor of Science in Communications (media management), pero no fue tan mala como ha quedado en el imaginario popular. Lo explica Blanca: “Yo no lo pasé mal en EE UU, ni me maltrataron ni nada parecido. Para mí fue una experiencia que repetiría una y otra vez. Volvería a firmar ese contrato y me volvería a ir allí pasando por todo tal cuál lo viví. Sin eso, igual no sería la atleta que soy ahora. Partiendo de esa base sí es verdad que en lo deportivo los resultados no fueron acorde con los que tengo ahora. Era otra forma de entrenar, otra forma de enfocar la salud mental por así decirlo. Depende de la personalidad de cada uno porque igual a otra persona ese método tan exigente le encaja. A mí no me funcionaba, soy muy casera, de estar en familia, mi entrenador es como mi segundo padre, necesito sentir que me transmitan confianza... Si eso me falta soy muy inestable. Si no llego a un buen estado me entran dudas”.
Esa incertidumbre la está borrando de un plumazo su entrenador, Julio Rifaterra (tío-abuelo de Celia, promesa del salto de altura). “El 100% de mi mejora de estos años es por él, en todos los sentidos. Físicamente me ha pulido porque en EE UU había cosas que no trabajaba y mentalmente me ha devuelto la confianza, las ganas de hacer atletismo. En EE UU era trabajo y obligación, pero no era la pasión que siempre había sentido desde niña haciendo atletismo. Los martes, que era el día de series duras a morir, me despertaba y pensaba: ‘Ostras, es que no quiero ir’. Ahora muero contenta porque voy a mejorar. Esa pequeña diferencia mental la ha conseguido Julio”, explica la atleta que tiene la mejor marca española de siempre en 300 con 36.53... que por fin ha conseguido tener perro: “Llevo toda la vida pidiendo uno y por fin lo he conseguido. Lleva un mes en casa y estoy enamorada de ella. Tuca ha salido hasta en el Telediario con su camiseta de España en Barajas”.
Blanca reconoce, sin nombrarlo, haber sufrido el síndrome del impostor con una reflexión muy interesante llena de autenticidad y humildad. “En el aeropuerto de vuelta de Torun hablaba con Paloma (Monreal, directora de prensa, comunicación y marketing de la RFEA). Me dijo algo que me hizo darme cuenta de lo que me estaba pasando. Yo antes no me veía como una atleta profesional, sino como una persona normal que hacía atletismo porque le encantaba. Competía al máximo nivel, pero pensaba que no era una deportista de élite; para mí esos eran los ídolos que veía por la tele. Son los deportistas famosos los que no trabajan. En mi cabeza la opción era graduarme y ponerme a trabajar. ‘Eres olímpica, pero no eres nadie. Tú te pones a trabajar’, me repetía. De repente llegó lo del oro en el Mundial de relevos en China, me vi en todos los medios y pensé: ‘¿Cómo de incompatible e
Fuente: AS.com