Este granjero pensaba haber encontrado una piedra normal en su establo y resultó ser una pieza arqueológica de hace 3.000 años

Selección: República Checa

Este granjero pensaba haber encontrado una piedra normal en su establo y resultó ser una pieza arqueológica de hace 3.000 años

En el año 2007, J. Tomanec cayó en la cuenta de que había una piedra un tanto diferente en el jardín de su casa en Morkůvky, un pequeño pueblo al sureste de la República Checa. Durante un tiempo, el bloque sirvió para sostener los cimientos de su granero sin que nadie le diera mayor importancia. Sin embargo, la pieza acabó llamando la atención de arqueólogos de la zona, quienes descubrieron que aquella simple piedra era un artefacto milenario de la Edad de Bronce.

Un análisis ha revelado que la piedra es, en realidad, un molde o matriz para fabricar armas. El objeto, tallado en una roca volcánica llamada toba riolítica, tiene unos 23 centímetros de largo y data aproximadamente del año 1350 a.C.

“En una de sus caras tiene una impresión negativa muy bien conservada y con una forma muy precisa para fundir una punta de lanza de bronce”, explica Milan Salaš, arqueólogo del Museo Moravo y autor principal del estudio publicado en la revista Archeologicke Rozhledy. El sistema que empleaban era muy sencillo: vertían el bronce líquido entre las dos mitades del molde (aunque en este caso ha sobrevivido una de ellas) y se apretaban fuertemente con un alambre de cobre para dar forma al arma.

Lo más curioso de este hallazgo es que la roca volcánica no es originaria de esa zona de la República Checa. Antonín Přichystal, geólogo de la Universidad Masaryk y coautor del estudio, señala que el material proviene probablemente del norte de Hungría o del sureste de Eslovaquia, lo que demuestra que los materiales necesarios para fabricar este tipo de herramientas se transportaban cientos de kilómetros.

Los investigadores relacionan el objeto con la cultura de los Campos de Urnas, una civilización que se extendió por Europa a mediados del segundo milenio a. C. y que destacaba por incinerar a sus muertos para luego enterrar las cenizas. Además, la piedra presenta claras marcas de desgaste por temperaturas elevadas, lo que indica que no fue un adorno, sino una herramienta de trabajo a la que dieron un uso “intenso” y llegaron a fabricar decenas de lanzas.

Estas puntas de lanza se caracterizaban por tener una base hueca para encajar el palo y unos relieves para reforzar los laterales. Eran armas muy comunes en la región de los Cárpatos durante la etapa final de la Edad de Bronce.

Salaš recuerda que los soldados de aquella época llevaban un equipo de combate muy completo que incluía escudos, protectores para las piernas y lanzas, por supuesto. “Los guerreros de Troya llevaban el mismo equipamiento”, apunta el arqueólogo, recordando que el propio Homero describía en sus relatos cómo los soldados solían entrar en batalla cargando siempre con dos lanzas: una para arrojarla a distancia contra el enemigo y otra de repuesto para el combate cuerpo a cuerpo.

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Fuente: AS.com